02 julio, 2022

PERFECTO AMOR


Conocí a Chabuquita entre 1980 y 1981, cuando en complicidad con la música y en plena efervescencia de las cintas de cassette, pasábamos horas escuchando y seleccionando listas enteras de canciones que luego ella disfrutaría en casa, con su familia o con sus incontables amistades. Chabuquita mandaba grabar cintas repetidas pues le encantaba obsequiar. Don Emilio la engreía mucho. Él pasaba a dejarla en la discotienda de la calle Ayacucho y luego de un tiempo prudencial la recogía en su clásico volkswagen rojo. A don Emilio siempre le sorprendió que alguien como yo tuviese amistad con ellos por la considerable diferencia de edad que teníamos, pero así sucedió y fue una amistad muy especial que se prolongó por varios años.

Chabuquita siempre solía hacer un brindis con sus invitados en aquella entrañable casa del jirón Junín, una copita que en realidad eran dos y que podían convertirse en tres, pero no más, ya sea para brindar por la amistad, para celebrar la vida o simplemente para combatir el frío. Era Lucila, la joven que la acompañaba a todas partes, quien se encargaba de servir y alcanzar las copas a los invitados. Fue en una de esas visitas que probé el Parfait Amour, aquel delicioso licor que era uno de los preferidos de Chabuquita, y cuyo nombre etiquetaba lo que ella y don Emilio representaban frente a la vida.

Entre todas las fotos que adornaban el hogar de Chabuquita había una que llamaba particularmente mi atención y era la de su matrimonio, que se llevó a cabo un 29 de Enero de 1955. Ella, morena, espigada y hermosa; don Emilio, más bien circunspecto, muy elegante y todo un caballero, como siempre lo fue. Al verme observar la foto, Chabuquita me contó de un matrimonio anterior suyo no muy feliz y de la dicha que significó para ella conocer a don Emilio, el abogado que la divorció, la enamoró y con quien finalmente se casó.

Chabuquita no logró tener descendencia con su querido Emilio y fue algo que ella siempre lamentó. Sin embargo, ellos compartirían el resto de sus vidas con sus dos adorados hijos, Carmelita y Federico Antonio, para quienes don Emilio pasó a ser el mejor de los papás.

Yo seguí visitándolos, incluso cuando dejé la discotienda, pues me daba el tiempo necesario para seleccionar la música romántica y bailable que gustaban a Chabuquita. Fueron tertulias encantadoras donde ella me contaba de su familia, de sus viajes, de las reuniones semanales con sus amigas en la quinta de enfrente y de lo feliz que era gracias a esa segunda oportunidad que Dios le dio.

Don Emilio partió un sábado de Octubre de 1993, pero para Chabuquita él nunca se fue de su lado. Ella siempre se sintió amada y acompañada en ese feliz hogar que formó con su compañero de vida.

Chabuquita y Emilio se volverían a encontrar diecinueve años después, para seguir juntos intentando la eternidad.

Parfait Amour !





En Memoria de :

MARÍA ISABEL FLORES VILLAVICENCIO
† 07 /07 /2012

EMILIO LUNA AZABACHE
† 16/ 10/ 1993



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