30 mayo 2013

UN SIMULACRO NO ES UN CIRCO


De un tiempo a esta parte, se han puesto muy de moda y los vemos en los noticieros y en las páginas de los diarios : los famosos simulacros de sismos y de algunas otras desgracias naturales, en donde hay "cientos de muertos y heridos". Desde mi punto de vista, esto es una huachafería y un gran gasto de recursos. Niños con vocación de actores, en estos días en que los noticieros de TV alcanzan buenas cifras en el rating (a punto de sangre y desgracias), yacen desmayados, sangrantes o gritando de dolor.

En las instituciones del Estado, qué felicidad!, esto sirve de relax o para amarrar el macho o para salirse en pleno horario de trabajo. En las empresas privadas y a regañadientes, los empleados son obligados a salir a un patio extenso o a la calle y a ser parte de una novelería impuesta por alguien que no tiene algo productivo qué hacer.


En realidad, nuestras autoridades juegan a ser dioses; ellos saben qué pared se caerá, dónde se ocasionarán incendios y quién morirá o se ahogará (en el caso de un maremoto). Y también, oh casualidad!, las ambulancias, los bomberos, la policía y los médicos están justo en el lugar indicado para atender a toda la gente y a "los heridos". La verdad de las cosas es que ninguno de nosotros sabe cómo reaccionará ante un sismo, por más simulacros que haya pasado en su vida. 

Los recursos económicos deberían invertirse mejor, en crear conciencia desde los jardínes de la infancia hasta los centros de estudios superiores, trabajadores y empresarios, con charlas y ayudas audio-visuales en talleres en donde todos comprendan el tipo de fenómeno natural al cual se enfrentan y aprender a reaccionar de la mejor manera frente a éstos. No hay necesidad de convertir esto en un circo.

También es necesario crear infraestructuras fuertes y modernas, mejorar las ya existentes y un mejor control municipal de las construcciones, en coordinación con Defensa Civil, Ministerio de Salud, PNP y FF.AA.



13 mayo 2013

HISTORIAS ENTRELAZADAS


Primera historia

A ella no la conozco pero sé que es enfermera de profesión y también ejerce como profesora en una universidad local. Se sentía una persona realizada y feliz hasta hace muy poco. Por lo que sé, siempre ha enfrentado problemas que resultaban cotidianos y que pasaban casi sin sentir, aquellos problemas de los que uno suele reirse pasado algún tiempo. Pero hubo también un momento que la preocupó sobremanera y fue cuando su esposo enfermó, uno de aquellos momentos que se presentan con fuerza y dejan a una persona muy delicada, preocupada  y medicada para toda la vida. Pero qué habrá en esta vida que no se pueda afrontar ?

Ella y su esposo tuvieron un único hijo, de quien no daré su nombre pues no estoy autorizado para ello, baste saber que en ese hijo cifraron todas sus esperanzas, su motivo de felicidad y por él vivían y por él fueron todos sus sacrificios y preocupaciones hasta que Dios decidiera darles vida. 

El muchacho se recibió de ingeniero, estuvo trabajando un tiempo en Europa y regresó por un único motivo : ver por sus padres, que ya pronto bordearían la tercera edad y se tendrían que retirar para vivir de una pensión. Además, estuvo planeando casarse y darles nietos para cerrar un ciclo vital que a ellos les hacía mucha falta.

Hace poco tiempo, los padres decidieron poner todo lo que poseían en nombre de éste su único hijo, pues era lógico y necesario. Los trámites fueron algo engorrosos pero llegaron a su fin. Una previsión muy necesaria. Todo estaban bien y todos estaban felices por estar tan cerca y tan unidos. Bueno, relativamente cerca, pues el muchacho había conseguido colocarse en una empresa privada que opera a unas ocho horas de Trujillo. Él pasaba toda la semana allí y viajaba de regreso a casa casi siempre los viernes por la noche.


Segunda historia

A él sí lo conocí. El señor Edgardo Miranda Angulo y yo nos conocimos hace veintidós años cuando ambos trabajábamos en una empresa local y puedo decir que era un caballero a carta cabal, una persona con quien se podía mantener una charla amena y culta, una persona correcta en todo sentido. Aunque teníamos puestos diferentes, el fin en nuestro trabajo era uno solo : las ventas.

Lo volví a encontrar nuevamente cuando ambos estábamos en otras empresas y luego en otra oportunidad más, siempre en Trujillo. Pero no es de esos encuentros a los que quiero referirme, sino del encuentro que él ha tenido recientemente con Dios. Es muy difícil estar preparado para morir, si es que por morir entendemos el alejarnos físicamente de los seres a quienes amamos, pero pienso que Edgardo Miranda sí estuvo preparado mentalmente para ello, es decir, presentía que Dios había trazado ya para él un camino diferente e inmediato. He tenido acceso a sus publicaciones en una conocida red social y puedo ver que Edgardo tenía un gran acercamiento con la palabra de Dios, lo que era un constante en su vida. En realidad, el encuentro que él ha tenido con Dios no fue el pasado 13 de abril sino mucho antes y pocas personas pueden lograr esa etapa de transición como estoy seguro que Edgardo lo hizo.

Lo que queda de una ausencia como la suya es algo bastante conocido : el dolor que embarga a su familia y a todas las personas que lo querían y a quienes él amaba. A ellos me gustaría decirles que no hay nada que pueda escapar a la infinita gracia de Dios.




Dos historias entrelazadas

A ella no la conozco, repito, pero sé que como madre y enfermera que es, corrió a buscar a su hijo, su único hijo, sin esperar que nadie la acompañara, en una mezcla de amor maternal y vocación de servicio Primero se dirigió al hospital, llena de esperanza y luego tuvo que regresar al lugar del accidente. Fue ella misma la que recogió el cuerpo de su adorado hijo y ella misma la que dirigió su traslado, consciente de que no lo tendría más.

Es de imaginar que mientras esta madre recogía el cuerpo de su único hijo, alguien cerca a ella y en común desgracia y dolor, reconocía y llevaba consigo a Edgardo Miranda Angulo, como hijo, como padre, hermano y amigo.

Al contar estas breves historias no hay intención alguna de desgarrar almas ya de por sí sumidas en el llanto, sino tal vez poder despertar la parte humana que mucha gente ha perdido. Una vida es muy valiosa y en sus conciencias tendrán que multiplicar por treinta o por cuarenta o  por mil ese dolor que han canjeado por un poco más de dinero, porque un accidente simplemente ocurre, pero causar un accidente es un hecho criminal.

Se cumple un mes de estas irreparables pérdidas y creo que no hay palabras para consolar a estas cuarenta familias. Sin embargo, sí se les podría entregar algo que es tan valioso como la resignación para su dolor : justicia.


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Fotografía tomada de la página Fotolog.com

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24 marzo 2013

EL POLICÍA QUE ECHO DE MENOS


El policía que echo de menos  es aquel que hacía sus rondas de madrugada, que no contaba con un patrullero pero se lo escuchaba pasar haciendo sonar sus botas en la calzada, velaba el sueño de todos los ciudadanos y nos hacía sentir muy seguros sólo por el hecho de estar ahí. Solían haber varios policías repartidos estratégicamente en las calles, pero no andaban juntos para todos lados sino que hacían su ronda y se juntaban de trecho en trecho para coordinar su vigilia. La ciudad era pequeña, entonces. En época de lluvias, las botas de los policías sonaban en los charcos haciéndonos sentir aún más seguros con su presencia.

El policía era alguien a quien se respetaba como persona y por el uniforme que llevaba, independientemente de los galones que luciera. Nadie levantaba la mano contra un policía pues era una autoridad e infundía respeto. Recuerdo que era muy raro escuchar que alguien haya segado la vida de un efectivo policial, pues quien lo hacía iba directo al paredón. Era la ley de entonces.


El policía que echo de menos era un hombre responsable con su trabajo. Era aquel que después de un día agotador, descansaba, pues trabajaba para otros ciudadanos como él, no para una empresa privada. El policía elegía ser policía porque era su vocación, sabía a lo que se metía. Muchas veces, sus padres y sus abuelos habían sido policías también. No era un trabajo desconocido para ellos, ya que sabían de los riesgos, beneficios y salarios. Además, ser policía era un empleo seguro y de por vida. Muy pocos entraban a la institución policial para probar o para ganar algo de dinero y luego dedicarse a otra cosa. Los policías trabajaban y su trabajo era supervisado, como en cualquier empresa. Nadie en la policía pedía permiso para ir a clases, descuidando su labor policial, pues su carrera era ser policía y el Estado le pagaba un sueldo para eso. La policía, como institución, no era un trampolín para luego abandonarla y dedicarse a otra cosa, salvo incapacidad o motivos de fuerza mayor. Sé que todos tenemos derecho a superarnos pero creo más en una adecuada orientación vocacional, pues si una persona ocupa una vacante y luego la abandona, merma la producción-hombre de la institución o empresa para la que labora.

Realmente no sé qué habrá sido de aquel policía al cual echo de menos. No puedo decir que evolucionó pues no es evolucionar verlo ahora en las páginas de cualquier red social luciendo su celular de última generación, exhibiendo su última conquista o exponiendo su vida privada muchas veces entre tragos, cosa que por ética, es decir por ser policía, debería mantener en reserva, para ser respetado como tal. Es obvio que todos tenemos derecho a divertirnos. Aquel policía al que ahora echo de menos, también lo hacía.


El policía que echo de menos es aquel que actuaba frente a la delincuencia, inclusive estando de civil o en su día de franco, pues era alguien que siempre se mantenía atento y caminaba junto a su prójimo y de la mano de la ley. Jamás se hacía de la vista gorda ni delimitaba su espacio como hacen ahora los que están trabajando en una entidad privada. No sé en qué momento el policía empezó a ser un trabajador free-lance, algo así como un jugador de fútbol que se esfuerza en hacer sus mejores jugadas para su club y no suda la camiseta para la que fue contratado.

Ese policía al que ahora recuerdo era un personaje sencillo, atento, responsable, honesto, honrado, con virtudes y defectos, claro está. Los malos policías, los más vivos, existieron siempre, al igual que las coimas, las amarradas de macho y los saludos a la bandera. Siento lástima que en la actualidad haya un cáncer que avanza con más agresividad dentro de esta institución y que algunos jefes corruptos estén enquistados en sus puestos o amarrados con los que van un paso delante de ellos.

Tengo entendido que en la Policía Nacional hay oficiales y sub-oficiales. No sé mucho de rangos ni de galones pero supongo que un sub-oficial es aquel al que vemos todos los días en la calles, a veces trabajando para empresas privadas (las cuales tienen los medios para pagar su propia seguridad particular) con el uniforme que el Estado les facilitó. Y un oficial es aquel al que el Estado prepara, le brinda cursos, los envía al extranjero con todo pagado (se supone que en mérito a sus capacidades) y quedan listos para asumir jefaturas en cualquier momento.


Siempre hay alguna cabeza nueva que entra y quiere cambiarlo todo. El tiempo va pasando y ese todo regresa siempre a su punto de origen y la gente se acostumbra a esos supuestos cambios y piensa que el policía tiene el derecho a trabajar su día libre y que puede "vender" su día libre al Estado, cuando fue el Estado el que lo contrató para trabajar a tiempo completo.

Es urgente y necesario que el policía tenga un sueldo decoroso, un sueldo en base al trabajo que realiza, es decir que el policía no sea ni oficial ni sub-oficial pues un nivel de subalterno o de élite debe procurárselo él mismo con su grado de eficiencia. Basta ya de premios y felicitaciones a  alguien por hacer algo que es su trabajo y obligación. Ya se han visto muchos casos de policías del año comprometidos luego en actos desleales. Pero para todo esto, el efectivo policial debe tener una buena formación, tanto física como cultural y psicológicamente. Eso no se logra en un año ni en dos. Dentro de la institución debe evaluarse a cada efectivo para saber quién tiene aptitud para la investigación, quién para tratar con el público, quién para manejar un can, o quiénes dominan idiomas para trabajar con turistas, etc. Depende mucho de cada policía el llegar a ser un buen profesional en su campo. He visto muchos policías que suelen investigar, leer y prepararse por su cuenta. Hay muchos jóvenes en la Policía Nacional actual que llevan esa vocación inherente y que sólo necesitan que sus jefes los vayan descubriendo y apoyando.

Creo en una fuerza policial integral, unificada, sin favoritismos ni esquisiteces, donde el policía se dedique sólo a ser policía y a servir al pueblo que al final es el que paga su sueldo. Un policía que tenga horas libres para dedicarlas a su familia.

Como ciudadano, exijo que el efectivo policial tenga una talla y un peso adecuados, como siempre ha sido, no como lo que ahora se ve en la calles. Exijo que el policía no sea un ente pegado a un teléfono celular y que no hayan grupos de policías conversando en vez de patrullar y mantener el orden.

El policía que echo de menos era una persona honorable, que daba un buen ejemplo y tenía valores obtenidos en su hogar, con una vocación intocable a flor de piel. Espero que este modelo de policía vuelva, porque presiento que la gente no tolerará más tanta coima, tanto abuso, tanta mediocridad, tanta falta de sentido común y tanta corrupción.


16 marzo 2013

EL NIÑO ABRAHAMCITO


El niño Abrahamcito nació en marzo, en un pueblo muy humilde de la sierra y durante una revuelta. Era un niño pequeño, delgado y orejón. A los dos años, su cabeza era más desarrollada en comparación a su cuerpo, tanto que a veces parecía irse de lado por su peso. A esa edad, ya sabía que a las seis de la tarde en punto se acostaban las gallinas y le gustaba mucho aquel juego de hacer navegar buques con caramelos dentro.
 
El niño Abrahamcito era un niño bastante despierto e inteligente.  Hacía interminables preguntas, colocaba la mano derecha sobre su frente y la izquierda abrazando su cintura, reflexionando mucho al evaluar las respuestas. A decir verdad, era muy diferente al resto de niños de su edad e inclusive a sus hermanos pues cuando hablaba lo hacía como un viejo y solía ser el consejero de niños y adultos. Cogía las cosas con mucha delicadeza. Había aprendido a leer y escribir cumplidos los cuatro años de edad y sin pisar aún la escuela.

Tenía un apego muy notorio hacia lo litúrgico, quizá producto de su raza, mezcla de sangre indígena y española, tanto que su padre quiso que estudiara para ser obispo. Oraba con frecuencia y leía con devoción las Santas Escrituras. Luego sería un niño bastante estudioso y entregado a su escuela, pues pensaba que si él aprendía de sus maestros, luego mucha gente aprendería de él.




A los trece años, el niño Abrahamcito enfermó del susto, pues sufrió una caida del caballo, lo que sumó muchos problemas a su salud ya de por sí delicada. Sin embargo, nunca perdió el tiempo y al no poder asistir a la escuela se volvió autodidacta, devorando la extensa biblioteca que su padre poseía. 
 
El niño Abrahamcito se convirtió luego en un joven de 1.70 de estatura, de rostro aguileño y frente amplia. Siempre delgado, pulcro y de andar sobrio. Conservaba una voz suave y particular elegancia, pero sus ojos denotaban un constante sufrimiento interno.
 

Quién diría que con el pasar de los años, el niño Abrahamcito  empezaría a estudiar Medicina en la Universidad Nacional de Trujillo, aunque con el tiempo haría un cambio de carrera profesional y dedicaría muchas horas a profundizar en su curso preferido : Literatura Antigüa.
 
El niño Abrahamcito, ya convertido en hombre, supo siempre que tenía una misión que cumplir, aceptando el dolor de la gente como suyo. Él mismo tuvo que pasar por muchas pruebas, penas e injurias, soportando también de algunos aquel triste sentimiento llamado envidia. Pero en el fondo de su alma, tal vez comprendía que la vida era un calvario por el que necesariamente se tenía que andar. Era buen conciliador y trató siempre de unir a las personas, a pesar que muchas veces no percibia la intención en ellas. Se desahogaba con la lectura o cogiendo una pluma para escribir, como lo hizo desde pequeño.
 
Abrahamcito, aquel niño tan diferente a los demás niños, dejó un día su país y su pueblo al que tanto quiso, marchando para no volver más. Según sus propias palabras, en el Perú él se veía como una perla perdida en la profundidad del mar. Y no fue su país, por cierto, el que le brindó las satisfacciones que se da a un hijo nacido de sus entrañas.
 

Hubo una vez un cuarto pintado de verde, una familia, un hogar y una abnegada madre, que se fundieron con el sufrimento del alma, la filosofía y el sentir de la gente tras la puertas. Hubo una vez un huerto, las gallinas, el patio, el oratorio, los buques de papel y un camastro, ordenados todos de forma geométrica, producto de una capacidad creadora divina.

Substancia y fuente inagotables . . .
 
Hubo una vez un niño al que todos llamaban : niño Abrahamcito.
 
 

Relato escrito a partir de  "César Abraham Vallejo, Ascendencia y Nacimiento", por Oswaldo D. Vásquez Vallejo  (U.N.T. - ViceRectorado Académico).


18 febrero 2013

LA SEÑORITA ELENA


El Jardín de la Infancia No. 208, existió. Estaba ubicado en la cuadra 5 de la calle Zela, a donde asistía de la mano con mi prima Meche. En aquella época teníamos seis años de edad y usábamos un mandilito blanco con nuestro nombre bordado en letras rojas sobre el pecho, además de una bolsa del mismo color, también con nuestro nombre, que usábamos para llevar cuadernos y pequeños libros. Mis hermanos mayores habían asistido también a este jardín de infantes, cada uno con su mandil y su bolsa, que en aquella época confeccionaban y bordaban nuestras madres con sus primorosas manos.

El primer nivel de educación era kindergarten y el siguiente transición, en donde mi prima Meche y yo conocimos a la Señorita Elena, pues ambos estábamos en el mismo salón de clases. El recuerdo que tengo de esta querida profesora se mezcla en mi mente con algo de nostalgia pues era una persona muy cariñosa con sus alumnos. No creo que ninguno de ellos, dondequiera que se encuentren hoy, la hayan olvidado. No, ella era una persona difícil de olvidar. Es irónico que convivamos tan poco tiempo con una persona que recordaremos toda una vida.

La Señorita Elena era una extensión de nuestro hogar y la recuerdo muy dedicada con todos y cada uno de sus pequeños. Era sencilla en su modo de vestir, usaba el cabello muy corto y lucía siempre una sonrisa radiante. Su voz la escucho al cerrar los ojos y se mezcla con aquella fragancia que emanaban las flores y plantas de aquel jardincito de infantes, único, amoroso, inolvidable.




Pero lo que siento cuando recuerdo a la Señorita Elena no es algo que quiero que quede sólo en mí, por eso es que rebusqué esta fotografía y la comparto con todo aquel que quiera conocerla y saber que hubo un tiempo en que un educador era una persona íntegra, intachable y cariñosamente recordable, como los hay muchos también ahora, que son quienes irán formando los recuerdos de generaciones venideras.

Seguramente alguien navegará en el tiempo y se verá reflejado en esta imagen, trasladándose sin querer a una hermosa época vivida con la Señorita Elena, en ese momento y en ese Jardín de la Infancia No. 208 del barrio Chicago. Tal vez esa persona, donde se encuentre, se sorprenda de pronto al secar una lágrima. A esa persona le digo que la nostalgia muchas veces me ha llevado a querer saber qué fue de aquellas personas cuya fugaz presencia se convirtió en un recuerdo imperecedero.




Señorita Elena Tulich Gularte, una profesora como Usted lo fue, jamás será olvidada por sus alumnos. Llevo siempre en mi mente su enseñanza y ejemplo. Recuerdo su sonrisa, su mirada, su voz y, sobre todo, su vocación de ángel. Recuerdo también a la niña que llegaba a buscarla al Jardín y recuerdo que un día, de pronto, las clases se terminaron y tuvimos que marchar a otro colegio, a otra década, a otras vivencias, dejando atrás momentos esenciales de nuestra vida y aquellos añorados mandilitos blancos bordados.

Este es mi pequeño homenaje para Usted, Señorita Elena. Tenga por seguro que las lágrimas originadas por muchos momentos de nostalgia, se transforman siempre en sonrisas eternas.


Agradecimiento :  Ana Elena García-Tulich Barrantes.


01 diciembre 2012

ESTEBAN Y EL ESPINO


Subrepticia fue la forma como Esteban se reunió con sus acompañantes en el patio de su casa junto a aquel tosco espino, habida cuenta de lo que ahí se llevaría a cabo. Alertado por ellos, había tapiado algunas puertas y ventanas para que la gente no tuviera motivo alguno para detener su andar y curiosear como lo hacía siempre. Tampoco compartió su entusiasmo con familiares o personas cercanas pues sus nuevos amigos le hicieron saber la importancia de mantenerlo todo en elemental secreto, tal como al final se hizo.

Aquellos nuevos amigos ya no eran tan extraños para Esteban pues lo habían traido de vuelta a un mundo ya imaginado, a una realidad por siempre soñada, a la prosperidad propiamente dicha. Todo lo que estaba a punto de venir ya le había sucedido a otras personas, tal vez muchas que él no conocía pero sí por testimonios contados por ellos, aquellos amigos en los cuales ahora confiaba y que con todo derecho tendrían parte, sólo un porcentaje claro, del total de la suma a ser recaudada después de terminado el proceso.

Mientras todo esto ocurría, se puede decir que las cosas en el hogar iban bien : la esposa, sus dos pequeños niños, un negocio muy bien surtido que marchaba viento en popa y para completar la dicha sus maravillosos suegros que trabajaban mucho y pedían poco. Además, claro, unos amigos de tragos por aquí, algunas diversiones extra-matrimoniales por allá y cosas así, comportamiento machista muy bien visto a finales de los años cuarenta, que es la época en la que Esteban y sus acompañantes están reunidos en el patio de su casa junto a aquel tosco espino.




Todo se ha llevado a cabo con mucho esmero. La compra de los materiales a ser utilizados no demandó mucho gasto y fueron los socios de Esteban los que llegaron trayendo los botellones de tinta, los moldecillos de metal y una ingente cantidad de papel cortado, además de otros pequeños aditamentos cuyo uso o finalidad fue muy bien explicado al dueño de casa, no sin antes volver a recordarle mantener la discreción del caso para que la operación llegue a buen puerto y no sean víctimas de la envidia de la gente, que en estos casos es mucha.

Lo que casi nadie se percató en el patio de aquella casa fue que el tosco espino empezó a mostrar ciertos cambios, poco notorios de hecho, pero sus movimientos empezaron a ser diferentes, si antes sus ramas se movían de forma lateral, ahora iban de abajo hacia arriba emitiendo minúsculas cantidades de una sustancia viscosa de fragancia fuerte y su tallo crecía y se estiraba produciendo un sonido de liberación y advertencia cual tenue ronquido, el cual no pasó desapercibido para Esteban que volteó su rostro sorprendido entablando por un instante el inicio de una comunicación extraña con el árbol, la cual se vio interrumpida de pronto por uno de los hombres que pedía llenar un gran depósito con agua.

Ya en la tarde, casi a las tres, el material con el que los hombres trabajaban se terminó y éstos tuvieron que partir al pueblo en busca de otro lote. Esteban sintió el irreprimible deseo de entrar a ver los avances, pues aquellos hombres no le habían permitido entrar por una cuestión muy entendible : el secreto de la reproducción de los billetes no podían compartirlo, él solamente podría ver el producto de la valiosa multiplicación una vez terminado el trabajo. Eso sí, lo habían animado a juntar todo el dinero posible porque a mayor cantidad de billetes, mayor ganancia.

 

El árbol pasó mucho tiempo ahí, situado luego en la parte externa de la casa, casi seco y abandonado, inclusive cuando ésta fue destruida algunos años después. Sin embargo, aquella noche, cuando Esteban se dejó vencer por la curiosidad y entró a dar una mirada al avance de la reproducción de sus billetes, el árbol había adquirido una contextura pétrea. Cansado de esperar a sus nuevos amigos el hombre se durmió sentado en un rincón del patio junto a una botella de pisco. Hilda, su esposa, se acercó a colocarle una manta y se preguntó qué significarían esos botellones con agua coloreada y esos costales llenos de papelitos cuidadosamente recortados.

Aquella fría noche, mientras todos dormían, el espino había penetrado en la casa y recorrido todas las habitaciones : la sala, los cuartos, los pasadizos, los jardines interiores, los corrales y la tienda, tomando toda clase de energía que pudo encontrar. La maldición del espino había encontrado material fértil para crecer : maldad, ambición e ingenuidad. El árbol había lanzado su voz de advertencia pero Esteban, como cualquier hombre común y materialista, alejado hace mucho de la naturaleza tan divina como justiciera, sintió pero no supo interpretar.


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Fotografías tomadas del blog "Periódico Ciudadano (Sierra de San Vicente)" y de la galería de Jose Labor Ante "Fotonatura.org", respectivamente.

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29 julio 2012

ES ÉSTA NUESTRA BANDERA ?




Habían tiempos en los cuales existía un curso llamado Educación Cívica. Puedo entender que hayan ciudadanos ignorantes, pero no que las autoridades también lo sean. Sin embargo, qué podemos esperar de ellas si en nuestro país una mujer puede desnudarse y colocar sus glúteos sobre nuestra bandera, todo por ganar dinero y popularidad, y no pasa nada . . . Será esto un derecho a la libertad ?
Esta fotografía fue captada el día jueves 12 de agosto del 2011 a la 1:45 pm en el Óvalo Grau, justo frente al colegio Dante Alighieri. El día sábado 21 a las 7:00 pm, la bandera continúa ahí. Se supone que ninguna autoridad circula por ese lugar y se supone también que ya habían pasado tres semanas desde la celebración de las Fiestas Patrias. Yo había denunciado el hecho en Radio Programas del Perú y también en la línea Aló Vecino de la Municipalidad Provincial de Trujillo, pero todo fue en vano. La bandera, aparte de estar mal colocada, tenía ya que haber sido retirada.



Hace algún tiempo había una supervisión constante por parte del Municipio. La ciudadanía contaba con una fecha aproximada para colocar la bandera en sus hogares y otra en la que tenían que retirarla. Existían medidas recomendadas, tal es así que en un edificio se tenía que colocar una bandera de tamaño proporcional al tamaño de la construcción y ésta tenía que colocarse en un asta sobre el mismo, no en ventanas ni colgadas. En la actualidad se pueden ver banderitas de papel recortadas y ridículamente pegadas en las ventanas.

La bandera de la fotografía continuó ahí todo el mes de agosto, luego no sé qué sucedió.

El orden, la responsabilidad y todo lo que podamos ser en el futuro, empieza con nuestro civismo. El amor a nuestra patria es un sentimiento  que debe nacer con nosotros y nunca morir.


27 junio 2012

EL CUARTEL DE MI CIUDAD


Todos los días paso por el cuartel de mi ciudad. El edificio abarca una manzana completa y su fachada, con un torreón en cada esquina y dos a cada lado del amplio portón, llama mucho la atención por parecer una construcción más histórica que actual.

Cuando paso por ahí, siempre veo ingresar varias personas, algunas uniformadas, otras con ropa deportiva y unas pocas vestidas de civil. Del mismo modo, algunos automóviles ingresan y otros tantos salen, despertando mi innata curiosidad. He visto también alguno que otro auto con lunas polarizadas y el brillo de múltiples galones pegados sobre un solo individuo, se ha reflejado en el espejo retrovisor, dejándome aún con más preguntas y lógicas inquietudes.


Me he sorprendido preguntándome en más de una oportunidad, por qué tanta gente entra y sale de un edificio como éste en tiempo de paz, teniendo conciencia que es lejanamente posible tener un tiempo de no paz en lo que va del presente siglo. Me he preguntado también qué puede hacer una persona dentro del cuartel de mi ciudad para completar un horario normal de trabajo. Cada año egresan promociones con cientos de alumnos, tanto de nuestro glorioso ejército, como de la aviación y de la marina, todos con un empleo estable y un sueldo seguro. La inestabilidad laboral que afronta el ciudadano civil de a pie, no afecta para nada a nuestras fuerzas armadas.

Generalmente, los cuarteles son espacios bastante amplios. Sería muy difícil calcular cuántos metros cuadrados le corresponden a cada individuo uniformado que habita entre sus paredes y sería importante ver en un cuadro estadístico, cuál es la producción de cada uno de ellos por cada uno de esos metros cuadrados, teniendo en cuenta que siempre han pedido remuneraciones justas y más de acuerdo con el costo de vida. Se me ocurre de pronto una pregunta : La carrera militar, podría ser un trabajo a medio tiempo ? Lógicamente, sin contar aquí a los altos mandos, quienes ganan un buen sueldo (incluyendo otros beneficios convertibles a cash) y del que siempre se han quejado... Bueno, es sólo una idea.

Viene a mi mente un día cualquiera en que vi un pequeño camión cargado de maderas y otros materiales salir del cuartel de mi ciudad. Avanzaba a una velocidad bastante moderada e iban algunos soldados de ayudantes trepados en la parte posterior. Minutos después vi al camión en cuestión descargando su contenido en una casa muy bonita de una urbanización cercana. Me pregunto si alguien se mudaba en aquel preciso instante.

Desconozco si las personas que trabajan dentro de un cuartel marcan una tarjeta de asistencia, como un trabajador común y corriente del sector público. Me pregunto si los más engalonados lo hacen. Deduzco que hay alguien que los controla, pero imagino también que puedo estar equivocado.


Intuyo que pueden pasar muchas cosas dentro del cuartel de mi ciudad. En realidad, soy sincero al decir que me gustaría que mi localidad mejorara y que nuestras autoridades se percataran de una vez por todas que no hay ningún país con el que tendríamos que entrar en guerra a corto o mediano plazo, tal como algunos uniformados, malas cadenas noticiosas y ambiciosos comisionistas de venta de armamentos lo desearían, sino que hicieran algo para ayudarnos a lidiar con una guerra diaria instalada hace mucho tiempo entre nosotros llamada delincuencia. Me gustaría que haya más productividad de algunos trabajadores y que de alguna manera disculpen su sueldo, previa modificación de las leyes claro está, para salir a patrullar y trabajar en diversos horarios apoyando a nuestra Policía Nacional. Sería elemental. Imagino que a ellos no les disgustaría, puesto que se sentirían más activos, con menos volumen corporal y permitirían que nuestra ciudad sea un hermoso jardín de rosas para sus futuros hijos y nietos.

Por último, al pasar todos los días por el cuartel de mi ciudad, no puedo evitar sentirme orgulloso por todos esos hombres que perdieron la vida defendiéndonos, hombres sin nombre, pues no hay mejores héroes que los anónimos y gracias a los cuales, podemos tener hoy una paz duradera. Pienso que las familias de estas personas deberían tener un sueldo de por vida.

Me duele en el alma la idea de que con frecuencia son los soldados que están sirviendo a su patria los que son puestos como carne de cañon, siempre ha sido así a través de la historia y lo es actualmente en esta diaria guerra contra el narco-terrorismo. Es irónico que los soldados, que solamente están de paso por el cuartel vayan a la guerra a poner el pecho como blanco de las balas y que muchos de los que deberían hacerlo por recibir un pago mensual fijo del Estado, se limiten a jugar sus cartas desde un cómodo escritorio.




Todos los días paso por el cuartel de mi ciudad. El verde de su fachada es un verde sobrio y la vocación de las personas que lo habitan es hermosa y admirable. Ojalá algún día pueda sentirme más orgulloso de todos ellos, pero si no es así, quizás sea mejor pasar de frente sin curiosear más o, pensándolo mejor, tal vez deba optar por cambiar de ruta.


02 junio 2012

RECORDANDO A LA ´62


La Promoción 1962 "César A. Vallejo" de la Gran Unidad Escolar "José Faustino Sánchez Carrión", celebra sus Bodas de Oro.


Hace 50 años, Tomás Jara Morillo, alumno del Quinto "A", en representación de toda la promoción, escribió su despedida en la revista El Solitario de Sayán, de la cual me permito tomar estas líneas :

" Partimos, sí, pero nuestro adiós no significará jamás olvido ni nada parecido, puesto que donde quiera que nos encontremos, el recuerdo de nuestro querido colegio será imperecedero como la imagen que durante nuestra estancia colegial se grabó en nuestros corazones juveniles. "

Estas palabras, de alguna manera, representan a todos los alumnos que hemos egresado de esas mismas aulas.

Felicitaciones a la Promoción 1962 "César A. Vallejo" en la celebración de sus Bodas de Oro, referente de honor para todas las promociones que dejamos los claustros estudiantiles algún tiempo después.




Me siento orgulloso al decir que mi familia siempre estuvo relacionada con la G.U.E. "José Faustino Sánchez Carrión". En casa había un acordeón con el cual abuelito David escapaba de la rutina de su trabajo en el colegio mezclando notas musicales, cigarrillos Inca y su inolvidable voz. También vienen a mi mente algunas cajitas llenas de fotos tamaño carné sobre la mesa del comedor, además de pegamento, una pluma y tinta líquida, que pertenecían a tío Arcenio, quien se encargaba de llenar los certificados de estudios y que a veces tenía que llevar a casa para aliviar su trabajo. En ese ir y venir de mi infancia, cierto día hallé una caja de cartón rotulada con el nombre de mi querido colegio, la cual estaba llena de fotografías, cuadernos, poemas manuscritos, gallardetes y revistas editadas en la misma Gran Unidad Escolar en donde los directores, profesores y alumnos daban rienda suelta a su verbo, plasmando con mucho cariño palabras para la posteridad.

Me permito publicar esos rostros, integrantes de la Promoción 1962 "César A. Vallejo" de nuestra querida Gran Unidad Escolar "José Faustino Sánchez Carrión" :













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In Memoriam :

- Jorge Estuardo Carranza Rodríguez (†) [Quinto "C"]. Cuando lo conocí, pude enterarme de los bellos recuerdos que guardaba de esa irrepetible época escolar. Él estaba muy entusiasmado con la próxima celebración de las Bodas de Oro de su querida Promoción. Falleció el 24 de Febrero del 2010.

- Julio César Rodríguez Tisnado (†) [Quinto "A"] : Tocado Por Un Ángel. Fallecido el 18 de Noviembre de 1998.

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Nota : La relación que figura después de cada fotografía, fue tomada de :  Gloriosa Promoción "César A. Vallejo" - 1962


05 mayo 2012

EL CABO Y YO


Después de permanecer largo rato observando mi imagen “en atención” frente a este viejo e insólito espejo, llego a la conclusión de que no fue nada fácil llegar a los setenta años con la cabeza sembrada de recuerdos más previos que recientes y ahora, además, con los rezagos de una larga y penosa enfermedad.

Soñé con el cabo muchas veces en mis noches de convalecencia y posterior desahucio. Lo soñé renegando, sintiendo sus botas abandonar el cuarto para no oír mis estertóreos ronquidos. Me soñé también yo, escuchándolos, envuelto en el tibio sopor de tantas mantas que en el éxtasis de mis atormentadas pesadillas se convertían en temor, incertidumbre, crepitación y gelidez que calaba los huesos.
Llegué hoy muy temprano a este mismo pueblo de la sierra donde todo se inició. LLegué para quemar esta última etapa de mi vida. Seguramente dejé muchas cosas pendientes aquí para que mi mente haya continuado divagando por entre estos inmensos cerros, accidentados caminos, lluvia, calaminas, pólvora, apus y cóndores.
Imagino que el cabo me habla, como en aquellos días, desasnándome para siempre y de una vez por todas, liberando al gatillo de mi dedo y diciéndome sonriente : 
- No, Carreñito, eso no se hace.