De un tiempo a esta parte, se han puesto muy de moda y los vemos en los noticieros y en las páginas de los diarios : los famosos simulacros de sismos y de algunas otras desgracias naturales, en donde hay "cientos de muertos y heridos". Desde mi punto de vista, esto es una huachafería y un gran gasto de recursos. Niños con vocación de actores, en estos días en que los noticieros de TV alcanzan buenas cifras en el rating (a punto de sangre y desgracias), yacen desmayados, sangrantes o gritando de dolor.
En las instituciones del Estado, qué felicidad!, esto sirve de relax o para amarrar el macho o para salirse en pleno horario de trabajo. En las empresas privadas y a regañadientes, los empleados son obligados a salir a un patio extenso o a la calle y a ser parte de una novelería impuesta por alguien que no tiene algo productivo qué hacer.
En realidad, nuestras autoridades juegan a ser dioses; ellos saben qué pared se caerá, dónde se ocasionarán incendios y quién morirá o se ahogará (en el caso de un maremoto). Y también, oh casualidad!, las ambulancias, los bomberos, la policía y los médicos están justo en el lugar indicado para atender a toda la gente y a "los heridos". La verdad de las cosas es que ninguno de nosotros sabe cómo reaccionará ante un sismo, por más simulacros que haya pasado en su vida.
Los recursos económicos deberían invertirse mejor, en crear conciencia desde los jardínes de la infancia hasta los centros de estudios superiores, trabajadores y empresarios, con charlas y ayudas audio-visuales en talleres en donde todos comprendan el tipo de fenómeno natural al cual se enfrentan y aprender a reaccionar de la mejor manera frente a éstos. No hay necesidad de convertir esto en un circo.
También es necesario crear infraestructuras fuertes y modernas, mejorar las ya existentes y un mejor control municipal de las construcciones, en coordinación con Defensa Civil, Ministerio de Salud, PNP y FF.AA.
En las instituciones del Estado, qué felicidad!, esto sirve de relax o para amarrar el macho o para salirse en pleno horario de trabajo. En las empresas privadas y a regañadientes, los empleados son obligados a salir a un patio extenso o a la calle y a ser parte de una novelería impuesta por alguien que no tiene algo productivo qué hacer.
En realidad, nuestras autoridades juegan a ser dioses; ellos saben qué pared se caerá, dónde se ocasionarán incendios y quién morirá o se ahogará (en el caso de un maremoto). Y también, oh casualidad!, las ambulancias, los bomberos, la policía y los médicos están justo en el lugar indicado para atender a toda la gente y a "los heridos". La verdad de las cosas es que ninguno de nosotros sabe cómo reaccionará ante un sismo, por más simulacros que haya pasado en su vida.
Los recursos económicos deberían invertirse mejor, en crear conciencia desde los jardínes de la infancia hasta los centros de estudios superiores, trabajadores y empresarios, con charlas y ayudas audio-visuales en talleres en donde todos comprendan el tipo de fenómeno natural al cual se enfrentan y aprender a reaccionar de la mejor manera frente a éstos. No hay necesidad de convertir esto en un circo.
También es necesario crear infraestructuras fuertes y modernas, mejorar las ya existentes y un mejor control municipal de las construcciones, en coordinación con Defensa Civil, Ministerio de Salud, PNP y FF.AA.
Simulacro o Circo




























