21 abril, 2009

LA CASA


En todos nosotros hay una casa. La tenemos incrustada en nuestra memoria, rodeada de cuerpos exánimes y almas etéreas. Es nuestra casa, pero no en la que vivimos ahora sino aquella de siempre, la que nos vio crecer y tal vez nacer, aquella que ya no habitamos pero que jamás dejó de habitar nuestra mente.

Una casa toma la forma de sus dueños, sus muros se van transformando en vértebras, húmeros y calcáneos, en heridas lacerantes y en cuentas de rosario. En una casa habitan huellas, sombras, voces, sonrisas y miradas, pues una casa nunca está vacía.




En la calle La Mar existe una casa cuyas paredes exhalan risa y llanto. Esa casa no fue construida con cemento ni ladrillo pero sí por manos muy hábiles y amadas. En cada rincón por donde se la mire, un recuerdo yace ahí, latente. En esa casa mucha gente se detuvo a descansar sus pies.

He escuchado el llanto de un recién nacido y el mío también brotó. He oído risas rutinarias y risas de felicidad. He visto surgir el amor y velado a mis muertos, todo en esa casa.




Hoy no es un día cualquiera en esa casa hermosa casa. Camino a través del dormitorio y observo un sombrero colgado detrás de la puerta, un ancho pantalón con pliegues descansa sobre el hombre de la calle y un reloj de leontina yace sobre la cómoda. Atravieso el patio y siento el penetrante aroma a café recién pasado. Las pintorescas macetas con geranios me ven pasar y casi siento el florecer de las buenas tardes, mientras las gallinas me miran con interés desde el pequeño corral. Por la ventana observo el espacioso y ventilado comedor con el clásico mantel a cuadros protegiendo la mesa. Hay una mujer en la cocina, sumida en su incansable labor, escuchando el parloteo de un aparato de radio. En la pared una guitarra colgada, en el suelo un acordeón dentro de su gran estuche y sobre la silla un grueso manojo de llaves atado a una cadena de plata con las iniciales D.R.

Está anocheciendo. Los canarios se guardan mientras la gata ploma tose y envejece. Un hombre preocupado va y viene a lo largo del pasadizo. Lo observo. Pronto, una mala noticia llegará y cambiará muchas vidas dentro de esa casa.

Continúo mi recorrido. En la siguiente habitación hay un televisor marca Singer donde una bella muchacha de cabello negro ensortijado habla español con acento italiano. Ahora, la dulce mujer que antes cocinaba teje y teje sin parar. Luego observo la vitrina, que guarda jarras, vasos copas y pequeñas fuentes de vidrio, así como un juego de tazas de té tan diminutas que jamás llegaremos a usar. En la sala las clásicas sillas de caoba, los sillones y ceniceros del mismo juego, el espejo de consola, la araña de seis focos y la clásica pintura oriental : el volcán, el río, el puente, los cerezos . . .




Llego a la puerta y entrego las llaves al nuevo propietario que aguarda impaciente. Volteo a dar una última mirada a tantos recuerdos. Ahora, la casa sí está vacía. No obstante, sigo escuchando que las paredes exhalan risas, muchas risas... Pero esta vez, soy yo el que no para de llorar.



8 comentarios:

Anónimo dijo...

Tienes razon Jorge, esa casa estara siempre dentro de nosotros porque ahi siempre estara viva la gente que siempre significo orgullo, amor, felicidad, ternura y muchos mas significados que se resumen en uno FAMILIA, como hubiese querido que mi hijo llevara dentro de si ese recuerdo, pero se lo contare y de alguna forma tendra un lugarcito en su corazon. Me encanta como escribes, sigue haciendolo por favor. Vero

Anónimo dijo...

Primo, es impresionante cómo me trasladas a esa época de nuestra niñez... la describes tan maravillosamente... Algunos recuerdos tristes, pero también los hay felices, a final lo que prevalece es esa unión, ese amor por la familia. Un abrazo cariñoso, y sigue escribiendo. Elsa

SELVA & MADERA dijo...

"<>"

irma dijo...

Es cierto amigo, todos tenemos esa casa en nuestras mentes y corazones, y fuimos tan felices, no teniamos riquezas materiales , pero tenìamos lo màs importante, el amor de La Familia!!!y los recuerdos los ... mejores de mi vida, me encanta sabes, al leer como la describes...me trasladas a mi propia niñez un fuerte abrazo y te sigo leyendo. Irma

ramriar dijo...

Algo innegable: Qué somos los seres humanos sin una casa que habite en nosotros?
Tan importante, especial e inolvidable para todos nosotros, momentos que transcurrieron junto a familiares tan queridos, disfrutando mutuamente de dicha,felicidad, éxitos,oportunidades y logros en todo aquello que nos proponiamos, anhelábamos y deseábamos y que Dios siempre, con el amor que nos enseñó, iluminó nuestro camino.
Gracias Jorge, recordar es volver a vivir...

Anónimo dijo...

Primo querido!!! es la expresión que me brota del corazón..... no te niego que las lágrimas brotan solitas.... todo, todo tan perfectamente relatado, que no se traslada a esa época con mucha facilidad...... gracias por éstos momentos Jorge...... Irma

Azariel dijo...

Mi casa es de adobe, la levanto mi padre, siento seguridad por aquel detalle, tiene una ventana de marco blanco, con pequeños cristales, por ella veo el patio y el níspero que soporto mi peso cuando trepaba en él cuando niño, sus murallas interiores son celestes, solo hay un cuadro en sus murallas, es la ultima cena, la mesa esta bajo una ampolleta, que cuelga del techo, bajo la mesa están escritas mis primeras letras que grabe con una tiza, todo huele a cazuela, el olor se cuela desde la cocina, todas las piezas se comunicaban por puertas a los costados, las maderas del piso están lustrosas, sin embargo ya están delgadas por el paso del tiempo…

alejita dijo...

Un texto triste, muy bien escrito. Un blog excelente, me gustó mucho, te felicito, besos