24 marzo, 2013

EL POLICÍA QUE ECHO DE MENOS


El policía que echo de menos  es aquel que hacía sus rondas de madrugada, que no contaba con un patrullero pero se lo escuchaba pasar haciendo sonar sus botas en la calzada, velaba el sueño de todos los ciudadanos y nos hacía sentir muy seguros sólo por el hecho de estar ahí. Solían haber varios policías repartidos estratégicamente en las calles, pero no andaban juntos para todos lados sino que hacían su ronda y se juntaban de trecho en trecho para coordinar su vigilia. La ciudad era pequeña, entonces. En épocas de lluvia, las botas de los policías sonaban en los charcos haciéndonos sentir aún más seguros con su presencia.

El policía era alguien a quien se respetaba como persona y por el uniforme que llevaba, independientemente de los galones que luciera. Nadie levantaba la mano contra un policía pues era una autoridad e infundía respeto. Recuerdo que era muy raro escuchar que alguien haya segado la vida de un efectivo policial, pues quien lo hacía iba directo al paredón. Era la ley de entonces.


El policía que echo de menos era un hombre responsable con su trabajo. Era aquel que después de un día agotador, descansaba, pues trabajaba para otros ciudadanos como él, no para una empresa privada. El policía elegía ser policía porque era su vocación, sabía a lo que se metía. Muchas veces, sus padres y sus abuelos habían sido policías también. No era un trabajo desconocido para ellos, ya que sabían de los riesgos, beneficios y salarios. Además, ser policía era un empleo seguro y de por vida. Muy pocos entraban a la institución policial para probar o para ganar algo de dinero y luego dedicarse a otra cosa. Los policías trabajaban y su trabajo era supervisado, como en cualquier empresa. Nadie en la policía pedía permiso para ir a clases, descuidando su labor policial, pues su carrera era ser policía y el Estado le pagaba un sueldo para eso. La policía, como institución, no era un trampolín para luego abandonarla y dedicarse a otra cosa, salvo incapacidad o motivos de fuerza mayor. Sé que todos tenemos derecho a superarnos pero creo más en una adecuada orientación vocacional, pues si una persona ocupa una vacante y luego la abandona, merma la producción-hombre de la institución o empresa para la que labora.

Realmente no sé qué habrá sido de aquel policía al cual echo de menos. No puedo decir que evolucionó pues no es evolucionar verlo ahora en las páginas de cualquier red social luciendo su celular de última generación, exhibiendo su última conquista o exponiendo su vida privada muchas veces entre tragos, cosa que por ética, es decir por ser policía, debería mantener en reserva, para ser respetado como tal. Es obvio que todos tenemos derecho a divertirnos. Aquel policía al que ahora echo de menos, también lo hacía.

El policía que echo de menos es aquel que actuaba frente a la delincuencia, inclusive estando de civil o en su día de franco, pues era alguien que siempre se mantenía atento y caminaba junto a su prójimo y de la mano de la ley. Jamás se hacía de la vista gorda ni delimitaba su espacio como hacen ahora los que están trabajando en una entidad privada. No sé en qué momento el policía empezó a ser un trabajador free-lance, algo así como un jugador de fútbol que se esfuerza en hacer sus mejores jugadas para su club y no suda la camiseta para la que fue contratado.

Ese policía al que ahora recuerdo era un personaje sencillo, atento, responsable, honesto, honrado, con virtudes y defectos, claro está. Los malos policías, los más vivos, existieron siempre, al igual que las coimas, las amarradas de macho y los saludos a la bandera. Siento lástima que en la actualidad haya un cáncer que avanza con más agresividad dentro de esta institución y que algunos jefes corruptos estén enquistados en sus puestos o amarrados con los que van un paso delante de ellos.

Tengo entendido que en la Policía Nacional hay oficiales y sub-oficiales. No sé mucho de rangos ni de galones pero supongo que un sub-oficial es aquel al que vemos todos los días en la calles, a veces trabajando para empresas privadas (las cuales tienen los medios para pagar su propia seguridad particular) con el uniforme que el Estado les facilitó. Y un oficial es aquel al que el Estado prepara, le brinda cursos, los envía al extranjero con todo pagado (se supone que en mérito a sus capacidades) y quedan listos para asumir jefaturas en cualquier momento.


Siempre hay alguna cabeza nueva que entra y quiere cambiarlo todo. El tiempo va pasando y ese todo regresa siempre a su punto de origen y la gente se acostumbra a esos supuestos cambios y piensa que el policía tiene el derecho a trabajar su día libre y que puede "vender" su día libre al Estado, cuando fue el Estado el que lo contrató para trabajar a tiempo completo.

Es urgente y necesario que el policía tenga un sueldo decoroso, un sueldo en base al trabajo que realiza, es decir que el policía no sea ni oficial ni sub-oficial pues un nivel de subalterno o de élite debe procurárselo él mismo con su grado de eficiencia. Basta ya de premios y felicitaciones a  alguien por hacer algo que es su trabajo y obligación. Ya se han visto muchos casos de policías del año comprometidos luego en actos desleales. Pero para todo esto, el efectivo policial debe tener una buena formación, tanto física como cultural y psicológicamente. Eso no se logra en un año ni en dos. Dentro de la institución debe evaluarse a cada efectivo para saber quién tiene aptitud para la investigación, quién para tratar con el público, quién para manejar un can, o quiénes dominan idiomas para trabajar con turistas, etc. Depende mucho de cada policía el llegar a ser un buen profesional en su campo. He visto muchos policías que suelen investigar, leer y prepararse por su cuenta. Hay muchos jóvenes en la Policía Nacional actual que llevan esa vocación inherente y que sólo necesitan que sus jefes los vayan descubriendo y apoyando.

Creo en una fuerza policial integral, unificada, sin favoritismos ni esquisiteces, donde el policía se dedique sólo a ser policía y a servir al pueblo que al final es el que paga su sueldo. Un policía que tenga horas libres para dedicarlas a su familia.

Como ciudadano, exijo que el efectivo policial tenga una talla y un peso adecuados, como siempre ha sido, no como lo que se ve ahora en la calles. Exijo que el policía no sea un ente pegado a un teléfono celular y que no hayan grupos de policías conversando en vez de patrullar y mantener el orden.

Basta de códigos, nostalgias y rencillas, señores. El emblema de la Policía Nacional del Perú debe ser único : el Escudo Peruano.


El policía que echo de menos era una persona honorable, que daba un buen ejemplo y tenía valores obtenidos en su hogar, con una vocación intocable a flor de piel. Espero que este modelo de policía vuelva, porque presiento que la gente no tolerará más tanta coima, tanto abuso, tanta mediocridad, tanta falta de sentido común y tanta corrupción.



1 comentario:

ANGEL FLORIAN(LA FLORA) dijo...

muy bueno buenisimo...ya el policia ha perdido la dignidad y hasta la verguenza...pensaran que nadie se da cuenta...pero dire tambien que hay muy buenos y tambien hay muchos buenos que no estan mas porque ?...varios motivos...mejor era EL POLICIA QUE ECHO DE MENOS...un abrazo...JORGE