03 abril, 2010

ANA


Ana, despierta y pinta
de todos colores
Ana, mi amor
tus ojos son cielo azul . . .


Es lunes, primer día de clases de este, supuestamente, último año escolar. Mis compañeros van llegando con gesto aburrido y autómata, arrastrando los pies. No es para menos, han sido cuatro años de lo mismo y el entusiasmo de antes se ha ido desvaneciendo. Sin embargo, este año ha sucedido algo diferente, algo que nadie tenía previsto, algo que nadie sospechaba : seremos una sección mixta. Muchos amigos aún no lo asimilan, no les parece adecuado, están en shock. A mí me da igual, hasta diría que me alegra que pasara ya que en quinto año de secundaria tendrían que suceder cosas diferentes, cosas que podremos recordar luego como hermosas anécdotas al pasar revista a esta parte de nuestra existencia.
 
Pasada la sorpresa, mi cabeza regresa a donde estaba mucho después de haber traspasado la remozada puerta del colegio y mucho antes de iniciada la formación, entonado el himno nacional y cosas como esas : las secciones femeninas. Miro, disimulo y vuelvo a mirar.

Luego de varios minutos, aparece ella. Perseguida por mi lánguida mirada, Ana camina aferrada al brazo de una amiga. Su blanca piel contrasta con el uniforme gris que tan exacto ajusta su talle. Al desplazarse con tanta seguridad, la sigo observando sin ella saberlo y no hace falta repetir la escena para notar la inocente sensualidad que reflejan cada uno de sus movimientos. Sé que ella nunca ensayó y que jamás se ha desvelado pensando en cuál es su mejor ángulo, siendo tan perfecta como es. Ha volteado de pronto para saludar a un profesor y sigue caminando sin saber que lo ha seducido con su inquietante sonrisa.




Ana tiene una figura bastante espigada. Sus pechos parecen no soportar la blusa que lleva puesta y su ondulante cabello largo castaño hace el clásico vaivén de un comercial de tv. Es un momento especial cuando acomoda con mucha delicadeza el tirante de su hombro que caprichosamente cae, suspira con inocencia y entra al salón de clase sin imaginar que todas las miradas se rindieron a sus pies en ese recorrido de cuarenta segundos a través del corredor.

La belleza de Ana es una belleza sin par. La observo todos los días en los pasadizos, las escaleras y en el patio del colegio. Sus amigas son muchas, pero basta con que caminen a su lado para que sus existencias se desvanezcan, inexorablemente.

Hoy estuve tan cerca de ella que me dedicó una sonrisa y creí morir. Al pasar a mi lado, he sentido ese hálito fresco en mis mejillas sonrojadas y una fragancia a violetas ha trastornado mis sentidos. Sus labios de un rojo tan intenso como natural, han formado brumas en mi mente y no sé si camino o en realidad estoy cayendo. Es un instante mágico. Podría morir y volver a nacer. Quedo obnubilado y Ana ni siquiera se ha percatado.

Está claro que ella no es una criatura de este mundo. Si lo fuera, tendría que haber vivido en siglos anteriores inspirando a poetas y pintores o perturbando la apatía de reyes y dictadores. Su alma habría recorrido, seguramente, muchas generaciones y elegido la nuestra para reencarnarse en la belleza que ahora es, en esta parte del mundo, en este gigantesco colegio, en este inacabable corredor.




Abril 3, 2010

Han pasado algunos años y hoy he recordado a Ana nuevamente. Sigo absorto pensando en toda la fascinación que inspiró su sola presencia. Recuerdo la fragancia de su andar y la estela de sensaciones que dejó tras de sí. No sé qué habrá sido de su vida ni cuántos amores o vivencias marcaron su existencia, ni logro imaginarla con algún surco de más en su blanca y delicada piel. Sin embargo, el recuerdo de Ana se alimenta y crece dentro de mí, sin lastimar, pues es muy especial y está destinado a no desvanecerse jamás.



4 comentarios:

Eloy dijo...

Bien.... Ana !!!... pfv. mas detalles para recordarla....

Anónimo dijo...

LA CHICA A LA QUE TE REFIERES ES ANA ESTRADA, HIJA DEL PROFESOR MOSQUITO ESTRADA.

JORGE MORENO dijo...

Lamento decirte que no hablamos de la misma persona. Gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

NO E HAGAS EL LOCO ES ANA ESTRADA.