15 octubre, 2009

LA BODA


El sobre ha viajado desde la imprenta hasta la casa de la novia. Luego, junto al resto de partes, a decenas de hogares, no sólo de la localidad sino también fuera de ella. Una mujer recibe uno de los sobres y al abrirlo encuentra la tarjeta de hilo impresa con dos hermosas iniciales.

La mujer ha terminado de leer la tarjeta y por unos segundos piensa en la novia y en su felicidad. Luego, como suele suceder, deja el parte sobre la mesa, el cual empezará aquí su gran recorrido, arremolinado por el paso del tiempo.


Los Novios
 



















Octubre 15, 1954

Él tiene 28 años y ella apenas 22. Se conocieron como se conocen todas las parejas, de forma casual, en donde una o varias personas más resultan siempre involucradas. El hecho es que cupido llegó, los flechó y aquí están ahora, a pocos minutos de dar el Sí. Ambas familias dan los últimos toques a los preparativos. Todos están emocionados. La novia es la tercera de ocho hermanos y la mayor de las mujeres, lo cual la obliga a ser un ejemplo para el resto de sus hermanas. El novio proviene del valle y su familia ha venido para acompañarlo en este momento trascendental de su vida.

La Ceremonia



Todo se lleva a cabo sin dilación y según lo planeado. Los emocionados novios ingresan a la parroquia San Lorenzo, hermosa e indemne. Muchos familiares y amigos están presentes. El delicado perfume de las flores se mezcla con aquellos suspiros evanescentes de los concurrentes. Muchas sonrisas abiertas y alguna que otra lágrima discretamente borrada. Parecen instantes extraídos de una película clásica.



 
La Recepción
 
Ya en casa, los flamantes esposos reciben los parabienes de la concurrencia. Risas que se confunden con el sonido de las copas y, claro, cómo no, las fotos con los padres, los hermanos, los sobrinos y resto de familiares. También una foto con las amistades, claro que sí. El baile inicial, el baile final, la alegría y los aplausos, todo en aquella casa, sí, la misma cuyas paredes exhalarán risa y llanto a través de los años, pero que esta vez se vistió de blanco para envolver de felicidad a los presentes.

Alicia, la hermana de la novia, se ha esmerado en presentar el gran pastel, otro de los instantes tradicionales en una boda. Los novios se desplazan al lugar indicado por el fotógrafo y el flash dispara. Una huella tangible para las generaciones que vendrán luego.




El Parte Matrimonial



No sé si la mujer a la que le llegó el parte asistió realmente a este acontecimiento, pero retrocedamos un poco e imaginemos que el sobre se encuentra encima de su mesa, luego alguien lo cogería y cambiaría de lugar. Es lógico que después éste haya sido guardado en un cajón y que el tiempo continuara su larga carrera. El sol se ocultaría de pronto y las hojas de los árboles empezarían a caer muchas pero muchas veces. El parte, dentro de su sobre, sería removido de su lugar una y tantas veces más. Las hojas de los calendarios también empezarían a caer y, como también suele suceder, el tiempo devoraría sus bordes y la excesiva luz o la ausencia de ésta tornarían su color original. Habría un momento en que la mujer volvería a poner orden en sus cajones y en una de esas tantas veces el sobre, ya marchito y amarillento, vería la luz nuevamente, daría vueltas y vueltas sin respetar la gravedad y, por último, sería arrojado por el batir de las cortinas, traspasando el ventanal para dejarse llevar en un viaje, tal vez incierto pero sin retorno.
  

Octubre 15, 2009

Mi ventana está entreabierta. Es mediodía y un sol esplendoroso rubrica la primavera. No es viernes como en 1954 ni poseemos ya la casa donde la boda se realizó. El parte matrimonial terminó su recorrido en algún momento, se cansó de volar sin dirección y ahora yace entre mis más preciados recuerdos, por primera vez, pues los novios no pudieron guardar uno como recuerdo. Mi padre no es más aquel joven de negros bigotes ni mi madre conserva la lozanía de su juventud. Pero aquí estamos, agradeciendo a Dios que el tiempo no haya arremolinado nuestros más preciados recuerdos en el desván del olvido.


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En esta entrada, acuarela "Parroquia de San Lorenzo" por Rodolfo Stümpfle H., imagen tomada de Historia Documental de Trujillo del Perú (Miguel Adolfo Vega Cárdenas).

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5 comentarios:

Veronica dijo...

Super conmovedor Jorge, escribiste tantos detalles... ah me tienes que ensenar ese parte que nunca lo vi. 55 anios es increible, mas de medio siglo juntos, yo modestamente comparti unos cuantos desde mi nacimiemto, tu sabes al ser la hermana numero ocho, fruto de esa bella union y de esta maravillosa familia, siempre dire que nos pudieron faltar muchas cosas materiales a veces, pero la union, la complicidad entre hermanos, el respeto, el amor y mama dentro de casa siempre es mi mas preciado orgullo. Salud por los 55 y que sean muchos mas!!!

Anónimo dijo...

Felicitaciones una vez más Jorge; no me había grabado la fecha, y no importa tarde un abrazo cariñoso,con admiraciòn, con alegría, con orgullo para mis tíos queridos...... al ver la foto, pienso en todo lo vivido......... ahora disfrutando de los hijos, nietos, bisnieta... y juntos, con un amor distinto, pero màs fundamentado...... Me emociona y comparto la felicidad de ustedes de ver a sus padres como el cimiento más fuerte...............
Jorge, mi abrazo y admiración a tu pluma.... gracias. Yrma

Anónimo dijo...

En mi agenda de fechas importantes tengo anotado el 15/10 como aniversario de bodas de tio Sacramento y tia Lola... que maravilloso cumplir 55 años de feliz unión, con sus altos y bajos, como todo en esta vida, pero en este hogar sí que se respira amor, respeto, unión, y sí provoca decir: HOGAR, DULCE HOGAR... FELICIDADES Y FELICITACIONES TIOS... SIEMPRE CON LAS BENDICIONES DE NUESTRO PADRE CELESTIAL !!!

Elsa

Azariel dijo...

Que hermosa narración… me emocionaron.
Gracias por compartir tu vida!


)Azariel(

Waltherfc dijo...

Hola Jorge bien por el homenaje a tus padres y sus 55 años de casados, ya quisieran muchos tener esa dicha.

Gracias por el comentario, acabo de publicar una nueva entrada. Un abrazo y nos estamos leyendo.